De la Democracia al Trasimaquismo.

 


Por Jilmir Valera.
@Jilmir_Valera.
Política y Opinión.
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La historia así lo demuestra, tras años de regímenes tradicionales, donde las oportunidades estaban y lo que faltaba eran las ganas, donde existía el engaño y las negociaciones entre partidos políticos pero un alto respeto entre los mismos y las talantes incansables de mejorar el país, siendo este el tema que les apetecía y el motivo de creerse ser los mejores para lograrlo, lo que llevó a la gente a cansarse del tradicionalismo y las mismas posibilidades, además de caer en el dogma absurdo de que un régimen militar, por ser éste como la justicia de Trasímaco, -basada en lo que conviene al más fuerte, expresando así ese hecho de sumisión “obligatorio” entre el gobernante (quien tiene el poder) y los gobernados (quienes obedecen)- lo que nos trajo a estos quince años de la mal llamada “revolución bolivariana”.

Es por esto que luego de 40 años de una democracia llena de errores e imperfecciones pero con abundantes oportunidades y grandes obras para el país y sus ciudadanos, caímos en el régimen “del más fuerte”. Un gobierno militar que en principio se vendió como lo más conveniente a la situación de la Venezuela del 98 y fue así como lograron engatusarnos a todos teniendo como consecuencia padecer durante 15 años y unos puntos suspensivos que continúan alargándose y, exigen a los venezolanos que pongamos punto y final a una situación absurda e insostenible, todo este desastre.

Estamos en un contexto tan increíble que hoy en día vivimos realizando los mejores actos de magia para encontrar lo que a nuestra supervivencia respecta. Los venezolanos seguimos librando una ardua batalla en contra de una inseguridad que nos carcome, pues parece ser que ya ni en los hospitales uno se encuentra en total custodia. La supervivencia venezolana tiende de un hilo si de entrar a un hospital se trata. El hacinamiento y la falta de insumos es algo que consume a los pacientes de hoy en día. ¿Y los entes gubernamentales? ¡Bien gracias!

Lo mismo pasa a la hora de buscar comida. Las arduas colas son un desastre y peor aún si de encontrar leche, pollo, azúcar, café o la tan extrañada harina pan se trata. Y es que los venezolanos jamás nos imaginamos que darle pie al disfraz democrático presentado en el 98, que no fue más que un régimen totalitario, nos traería tan significante debacle. Hoy para salir de casa, la mejor compañía es un puñado de escapularios  para ver si Dios, un día más, te hace el milagrito de llegar sano, salvo y con todo a casa. Estamos atravesando una situación que a diario se hace cada vez mas cuesta arriba.

Las políticas públicas implementadas por este régimen son nefastas. La Fiscal General de la República, vive para recrear la mejor comiquita magnicida de estos tiempos, al igual que el Ministro de Interior y Justicias. La Contraloría, brilla por su ausencia. Y Nicolás, en su mejor papel de primer actor, busca protagonizar en los sectores populares de Caracas, el mejor “contacto” que con él pueda darse. Cosa que en realidad los habitantes de dichos sectores agradecen, porque con su visita llegan todos esos planes y misiones, que hasta ese día conocían solo de nombre: El patrullaje policial funciona a cabalidad con el Dispositivo Bicentenario de Seguridad (DIBISE), las mejores pinturas se establecen sobre los frentes de las casas a manos de la misión “Barrio Nuevo, Barrio Tricolor”, y lo que parecía un sueño en un país petrolero, a la Fiesta del Asfalto le llegó la fecha y es así como se pone fin a algunos de los innumerables huecos y troneras de las calles caraqueñas.

El régimen totalitario de Venezuela lucha por salir victorioso y reafirmarse con el título de la ineficacia. A su vez, los venezolanos luchamos por mantener la supervivencia y la gran esperanza de que este desastre tenga solución y la misma está en nuestras manos. En cada joven, en cada madre, en cada trabajador. En todo aquel que se preocupa y piensa en la situación del país. En los políticos -que necesitan de nosotros para relevarse y mejorar- Y en cada uno de los estudiantes que considera que el mejor futuro que pueden afrontar es el trabajar para conseguir La Mejor Venezuela.

Es hora de dejar claro que la teoría de Trasímaco era errada porque la voluntad y el bienestar de una ciudadanía está por encima de cualquier gobernante, partido político y seudónimo que se utilice para ocultar un régimen contrario a lo que a democracia se refiere; puesto que la justicia no conviene al más fuerte sino es aquello conveniente a todos por ser seres racionales, con una dignidad humana natural que vivimos en sociedad y necesitamos y exigimos un verdadero sistema de gobierno donde reine la paz, el bienestar y el progreso.

Nuestra voluntad nadie la detiene y solamente nosotros podemos ponerle fin a nuestro sueño de libertad.

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