Made in Heaven.


Por Isaac Salmeron.
Venezolanos en el extranjero.
HEAVEN

En los últimos años supe por varias referencias que Williamsburg, un sector del distrito de Brooklyn, era el nuevo sitio para estar en Nueva York. Me propuse a visitarlo extensivamente para saber por qué, al llegar allí tomando la línea L desde Manhattan llego a la avenida Bedford y luego de recorrer varias cuadras me siento en otra ciudad completamente diferente a la de los edificios altos y cuadras de 500 metros, ya no es la Nueva York de Ayn Rand o Cole Porter.

Aquí se plantea una suerte de ciudad artesanal, donde la basura pareciera ser mas parte del paisaje que un problema de salubridad, donde las bañeras viejas forman parte del ornato como macetas improvisadas para girasoles o margaritas y es muy raro ver algún centro comercial, las tiendas en Williamsburg son ediciones únicas, donde se aprecia más la historia del vestido que la novedad del diseño, donde vale más lo natural y orgánico que la comida rápida, aquí todo se viste de marrón y verde como si se tratara de mimetizarse con una naturaleza que dejo esas tierras hace mucho tiempo.

Es esa naturalidad a la que grupos como Ramones, Talking Heads, Blondie o en mayor escala toda la juventud beatnik, punk y hippie recurrieron en el sector de Manhattan llamado “The Village” o el “Lower east side” durante las últimas décadas del siglo XX; donde a pesar de la suciedad, el grafiti o en mayor medida el crimen, estaba esa sensación de libertinaje con peligro real que los hacía sentir vivos, durante varias décadas esta naturalidad hecha en el cielo se ha ido moviendo de sector en Nueva York, huyendo de la estructura burocrática; es esa libertad de hacer y deshacer es en mi opinión lo ha permitido a las ciudades alrededor del mundo en convertirse en piedras angulares de la cultura; donde no hay un orden humano superior que indique como hacer tu vida.

Aquí no hay amigos, solo compañeros de paso, cualquier persona puede llenar ese vacío de una amistad que se va, no hay buenas noches o buenos días en los autobuses pero si hay un compartir alrededor de una bebida o en un mercado de hortalizas (resulta irónico que precisamente sean estas personas como “hortalizas” que cumplen un propósito único de alimentar pero sin dar frutos o establecerse en algún lado) casi al margen de la sanidad, sin plazas totalmente limpias y con escasez de marcas comerciales, donde fabricas tu propio shampoo pero por elección no porque el mercado no te permita comprar uno, aquí puedes cultivar tu comida pero nuevamente porque así lo eliges.

Para un estadounidense en sus 22 años, visitar Williamsburg es alejarse de sus padres, alejarse del monótono paseo diario en el “Mall”, de la segura soledad de las calles, de tener todo por sentado para bien o para mal, se siente como en un país del tercer mundo pero con las comodidades del primero;The grass is always greener on the other side”; hoy en día no somos pocos los que buscamos el sueño americano mientras hay otros que cultivan el caos latinoamericano en sus patios traseros.

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