El papel de la Unidad Nacional


Por Vanessa Sánchez.
@VaneSanchezC.
Política y Opinión.
vaneS

Es grande el sentimiento de desafección, frustración y desesperanza que hoy invade los corazones de muchos venezolanos respecto al país. Nos cuesta mucho entender el berenjenal político sobre el cual estamos inmersos que nos arrastra a todos como un río que desbasta a una ciudad. El panorama es difuso, para algunos el régimen es democrático pero ineficiente, para otros sin duda es un régimen dictatorial, para otros es la corrupción en su mayor fervor y para otros la anhelada democracia social que se acordó de los pobres y acabo con la oligarquía, en fin, un océano de interpretaciones con un sin fin de salidas donde no queda clara la naturaleza del régimen –que para mi es de corte militar con vocación totalitaria-. Tristemente pareciera que nadie tiene las llaves para abrir las puertas hacia el futuro en medio de discusiones políticas. Pero es precisamente esta situación la que debe ser la fuerza que impulse el cambio social en Venezuela, no podemos seguir siendo animales acorralados por el miedo donde el “sálvese quien pueda” o Maiquetía -para los que pueden- sea la salida. No todos nos podemos ir, no todos nos queremos ir, somos más los que amamos la patria y decidimos luchar, de nadar contra corriente. Por eso, aparte de armarnos de valor, de endurecer el corazón, es menester, sentarse a estudiar nuestra historia para entender cómo llegamos aquí. En el pasado, hemos pasado por procesos similares. Tal vez allí este la luz que necesitamos para salir del callejón oscuro en el cual nos encontramos.

Soy muy joven, tengo apenas 27 años de edad, por lo que mi conciencia histórica sobre la política en Venezuela se concentra en los 15 años de la revolución bolivariana socialista. Conservo recuerdos difusos durante mi infancia del cansado ex Presidente Caldera por su avanzada edad y de unas elecciones que marcaron nuestro futuro en 1998 sobre la cual todo el mundo hablaba cuando me encontraba en sexto de primaria. Mi conciencia crítica se forma con la revolución sin punto de comparación. Cómo dirigente estudiantil muchas veces renegué de nuestro pasado porque todo parecía indicar que había sido muy malo. Ademá, como joven siempre he apostado al futuro y el progreso del país sin mirar atrás. Años después, de madurar y amarrar la rabia por que vivimos, he entendido que esta es una batalla por todos los flancos: económico, político, axiológico, doctrinario e histórico. A nivel histórico-político no podemos quedarnos con el cuento del lobo que el gobierno no ha impuesto sobre la cuarta. En honor a la verdad, debemos conocer como buenos jueces las dos versiones de los hechos, por eso hay que deslastrase de los prejuicios del pasado para aprender que cosas estuvieron bien y cuales mal, para afrontar de mejor  manera los retos que como generación tenemos con futuro. Puesto que, no hay futuro sin pasado por mi duro que este sea.

La historia nos dice que entre 1945 y 1958, la sociedad venezolana se vio sometida a la crisis y ruptura de tres regímenes. Dos golpes de Estado, los de 1945 y 1948, un autogolpe en 1952 y la caída de la dictadura en 1958. Todo indicaba que Venezuela enfrentaba una crisis de gobernabilidad con la sombra de la bota militar –coincidencia-. El país no había logrado dotarse de un modelo estable de ejercicio del poder a pesar de los avances que produjo “El Nuevo Ideal Nacional” bajo la dictadura de Pérez Jiménez. Había un pueblo que tenía sed de libertad y justicia a pesar del “progreso”. Tras la caída de Pérez Jiménez en 1958, se imponía la necesidad de construcción de un modelo estable de ejercicio del poder; un orden político, pluralista, representativo, pacífico y perdurable.

Para ello, la unidad nacional fue fundamental antes de la caída del régimen. La unidad significo un esfuerzo común de todos aquellos que aspiraban finalizar el capítulo de la tiranía militar para el establecimiento de un régimen democrático en Venezuela. Se entendió que por muy imposible de logar que fuera el reclamo de los venezolanos la hacia más que necesaria. La unidad nacional fue algo mucho más allá de la alianza de los partidos clandestinos, puesto que, convergían todos los sectores de la Nación. Allí se encontraban desde militares activos contrarios a Pérez Jiménez (que eran la mayoría), hasta dirigentes gremiales, intelectuales, estudiantes, obreros, independientes, líderes de la clase media y popular, pasando desde luego, por la adhesión de los cuadros de AD; COPEI; URD y PCV. Su objetivo o mejor dicho su compromiso fue crear la República Civil en Democracia.

Hoy Chávez esta muerto, pero es parte de nuestro presente. Por eso, la primera tarea que tenemos hoy en Venezuela es recuperar la conciencia histórica de nuestro pueblo y valores. En segundo lugar, ganarnos una importante parte de la sociedad –gremios, trabajadores públicos, militares, entre otros- ofreciéndole una alternativa de desarrollo y progreso en libertad. En tercer lugar, internamente hacia la Mesa de la Unidad, recordar que la patria esta por encima de nuestras diferencias partidistas o personales. Debemos estar a la altura del compromiso que nos exige la historia. La República sólo la vamos a recuperar si trabajamos juntos todos los partidos acompañados de la sociedad civil y del pueblo venezolano -como lo hicimos en para la presidenciales-. Siendo llaneros solitarios no vamos a llegar a ningún lado, -por muchas diferencias que tengamos- tenemos que pujar juntos para poder romper las cadenas de opresión que no nos dejan avanzar hacia la libertad. No quiero creer que no hay futuro en mi patria por los egoísmos cuando el gobierno está en su peor momento. Por eso, no podemos dejar que la patria se nos muera en la manos como está pasando mientras seguimos peleando. Tengo la profunda convicción que hay hombres y mujeres de bien que trabajan diariamente para salir de esto. Nuestro testimonio debe ser más fuerte. Tenemos que dejar a un lado nuestros egos y diferencias y encontrar espacios de diálogo político para  reconstruir la Patria grande de Bolívar donde quepamos todos como lo hicieron Batancourt, Caldera y Villalba.

 

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