Muertos de la risa.


Por Daniel Rodríguez Berrizbeitia.
@RodBerrizbeitia.
Política y Opinión.
monos-risuenos

La risa venezolana es, para muchos, motivo de orgullo: ¡Qué increíble que el venezolano de todo hace un chiste! Se escucha en todos lados. Sí, efectivamente es difícil de creer que en situaciones como las que estamos viviendo nos estemos riendo. Qué me perdonen Laureano y Emilio, pero la risa del venezolano se ha vuelto una risa comodona. La frase “reír para no llorar” ha pasado a ser “reír para no hacer nada”. Ojo, no tengo ningún problema contra el humor, en lo más mínimo. Mi problema son los espectadores que no han entendido que el chiste es realidad; que el chiste te roba, te deja sin plata, te extorsiona y hasta te mata.

Nosotros, los venezolanos, somos los únicos seres a los que oprimen, los llevan presos, los hacen pasar hambre, los dejan sin luz, los roban y _________ (coloque en este espacio la calamidad que usted quiera) y, al día siguiente, se montan el chiste más ingenioso para  ser difundido por “Pin”, “WhatsApp” y, en versión reducida, por “Twitter”. La realidad venezolana se ha ido convirtiendo en una mina de oro humorística (quizás sea una conspiración de los humoristas venezolanos). En Venezuela, cuando sucede algo importante, antes que cualquier reflexión especializada o crítica de algún estudioso, viene el chiste. Si utilizáramos la misma capacidad intelectual (y el mismo tiempo) en pensar en modos de expresar nuestro descontento para que esta “guarandinga” se acabe de una vez por todas, la historia… la historia sería otra.

Reír no implica necesariamente ser feliz, da apariencia de serlo. Podemos seguir riendo para evadirnos y la realidad seguirá estando ahí. Y cada día será peor. Pongamos la importancia que merecen las cosas, no distraigamos nuestra conciencia. El humor busca promover la crítica, no dejarla a un lado. No nos quedemos con lo mejor del chiste: el goce que produce reírse; tomemos todo su significado, todo lo que es. Convirtamos el chiste en reflexión. Busquemos soluciones. Aprendamos a reír y a hacer. Y entonces sí podremos estar orgullosos de lo increíble que es nuestra risa.

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