Pacientes renales


Por David Flora.
Medicina.
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     En una guardia vi a dos pacientes, ambos con insuficiencia renal con criterios de hemodiálisis de emergencia, uno de ellos al que llamaré RP se encontraba verdaderamente mal. A pesar de esto, en la sala de espera de la emergencia había al menos 5 familiares pendientes de cualquier cambio en el estado de RP, cada vez que salía a solicitarles cualquier cosa, todos venían preguntando que podían hacer para ayudar.

Por otra parte ingresó un paciente al que llamaré MB que llegó a la emergencia por su propia cuenta y sin acompañantes. Solo traía consigo una pequeña maleta con otra muda de ropa que no llegó a utilizar. Nunca pudimos contactar a sus familiares. MB fue empeorando paulatinamente.

A los pacientes con enfermedades renales terminales que no tienen las capacidades económicas de conseguir catéteres de hemodiálisis los nefrólogos les entregan un informe con el que pueden conseguirlo en el seguro social, siendo obviamente los familiares de cada paciente quienes tramitan la solicitud de ese catéter.

Al paciente RP sus numerosos familiares fueron capaces de conseguir el catéter. Yo mismo fui a acompañarlo durante la hemodiálisis para que en caso de que hubiera alguna complicación pudiera informarla de forma rápida. Estuve con él por dos horas y media, no soportó más tiempo, luego de esto regresamos a la emergencia donde continuamos monitorizándolo.

Durante esas dos horas y medias me puse a pensar en MB, el cual sin familiares y sin catéter, esperaba en la emergencia. Hablé con 3 nefrólogos para ver que podíamos hacer con él. Me ofrecí a ir al seguro social con su informe para retirar en su nombre el catéter que probablemente le salvaría la vida. Como no era su familiar y los nefrólogos estaban esperando que llegara un catéter, nunca me dieron el informe.

Regresé a mi casa, deprimido y aún pensando en esos pacientes, solo las horas de estudio y el cansancio acumulado me permitieron tener un escaso sueño intranquilo. Cuando a la mañana siguiente regreso a la emergencia, me informan que en el transcurso de la tarde y la noche que le siguió, ambos pacientes murieron, en la misma sala, uno frente al otro. El cuerpo de RP rodeado de sus familiares, fue rápidamente entregado para los respectivos servicios fúnebres. Por otra parte el de MB yacía ahí, sin nadie que lo reclamara.

A tal punto fue prolongada esta situación, que el olor de la descomposición acelerada del cadáver, fue lo que hizo que trasladaran el cuerpo de MB a la morgue del hospital. No pude evitar impactarme ante la situación. La sala fue clausurada por 24 horas y desinfectada por el riesgo de contaminación y el terrible olor.

Resulta verdaderamente triste ver como dos pacientes con la misma enfermedad de base y en escenarios sociales y personales completamente diferentes tuvieron desenlace el mismo día. Recordé entonces una frase de Claude Bernard que oí en los primeros días de mis clases de semiología:

“No hay enfermedades, sino enfermos”

Me prometí a mi mismo nunca olvidar esta situación, en particular a MB, cuyo triste final me marcó de por vida.

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