Emigrar


Por Estefanía Peña.
Venezolanos en el extranjero.

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Emigrar no es fácil pero parece ser la única opción para la paz mental.

Leer en los medios sociales que Maiquetía no es la solución, que debimos quedarnos y seguir luchando por nuestro país, entre otras cosas; duele. “La gente que está afuera no puede quejarse de estar pasando trabajo, trabajo estamos pasando nosotros”. Ese comentario atraviesa tu pecho como el de la “cobardía” que pareciera ser irte. Creo que puedo hablar por muchos, si no todos, de los que estamos afuera de Venezuela, al decir que parte el alma leer eso aunque uno sepa que no es así.

Me considero una persona optimista, marché por mi país desde los 11 años, casi perdí a mi padre en Altamira, la mitad de mi familia ha sido secuestrada y aun así, mantenía la esperanza de un mejor país. Fui parte de la sociedad civil, del movimiento estudiantil, de un partido político y de grupos de ideas que buscaban proyectar un mejor país, todo mientras estudié 2 carreras universitarias; aun así no había más nada que pudiera hacer por mi país. Me quede hasta que casi me tocó a mí.

Irme del país que me vio nacer, no ver el Ávila al despertarme, es por sobretodo una mixtura de sentimientos encontrados. La calidad de vida viene con la sombra del construirte camino en otro país donde eres nadie. Venezuela es una tierra sin igual y el tricolor me define, sin embargo, no quiero volver. No extraño vivir en incesante miedo. La palabra oportunidad no existe en mi país. Ni siquiera la oportunidad de vivir. Por eso salí de mi capullo familiar para encontrarme con que no es tan fácil como algunos lo pintan, sin embargo, aparenta ser más fácil que lograr conseguir un pasaje de avión para devolverme.

El imaginario social, y las decisiones que hemos tomado a partir de ello, nos ha llevado al punto en el que estamos hoy: familias sin miembros, separadas, destruidas. Sueños que cruzan fronteras y lágrimas a través de cámaras. La cultura política venezolana es despiadadamente infeliz.

Lo intenté, intenté ser el futuro residente de mi país y casi di mi vida por ello.  Salí para conseguir lo mejor para mí pero dejé todo lo que me importa, la mitad de mi corazón está en Venezuela. Ahora soy el presente y futuro de mi país pero fuera de él.

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